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lunes, 15 de julio de 2013

Encontrar caminos

Hace un año imaginé un proyecto: poder conocer a Rodolfo Livingston y ver su trabajo in situ.
Quien tiene un proyecto descubre un camino,
quien encuentra un maestro que ha recorrido ese camino descubre un tesoro.
Pero quien descubre amigos en ese camino y en ese maestro... ¡es feliz!
puede decir que está creciendo.

El sentido del humor no sólo es el más grande de todos los sentidos sino que nos hace humanos. Ayer me decía Rodolfo: "No puedo estar tanto tiempo en una reunión seria. Tengo que hacer bromas. El humor es tan importante". Y sí, creo que el Método no podría ser implementado sin fuertes dosis de humor, si nos tomáramos demasiado en serio nuestro trabajo.

Me pregunto qué somos. Al fin y al cabo cabezas de alquiler para pensar en las necesidades y deseos de otros. En cierto modo, eso es fácil. Pero esto es insustituible: somos técnicos capaces de relativizar nuestra importancia y, por eso, el cliente ve en nosotros una ayuda.

Cuando cierro un pacto, cuando presento unas variantes, siento la satisfacción del deber cumplido. Una profunda satisfacción. Más allá de haber hecho mi trabajo, siento que he ayudado a otro ser humano, con sus deseos y sus carencias, igual que yo. Un ser humano. ¿Hay algo más importante?

Rodolfo ha sido capaz de trazar una ruta para ir de ser a ser, aportando nuestra técnica pero profundizando en lo más humano de la arquitectura: las profundas necesidades del ser (refugiarse, comer, procrear, relacionarse, amar...) El espacio no es la función, ni la forma, es la posibilidad de vivir, siempre que el habitante haya hecho suyo ese espacio.

¿Dónde queda nuestra obra entonces? En el ser de esas personas, en su habitar, en su gozar, en mejorar su relación con el mundo. ¿Hay  acaso una obra más sostenible? ¿Hay acaso un proyecto más inmortal?

Buenos Aires, 13 de julio de 2013

1 comentario:

  1. Enhorabuena Ricardo! Ánimo en ese camino, que seguro servirá para que otros abran los suyos.
    Grandiosa la frase y la actitud "No puedo estar tanto tiempo en una reunión seria", con la que me identifico al cien por cien. La anécdota opuesta es la de Herzog y De Meuron, que en una entrevista para -tal vez- contratar a un arquitecto amigo mío, éste soltó una broma y uno de ellos le respondió "Efficiency, please". Por supuesto mi amigo salió corriendo de un lugar así.

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